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Historia del Fin del Mundo

 Es la provincia más joven de la Argentina.

 Hace casi 500 años (en 1520), un grupo de exploradores del Viejo Mundo, liderados por Fernando de Magallanes, avistó las costas de una tierra desconocida. Fuegos dispersos y columnas de humo de las fogatas de los nativos parecían flotar sobre las aguas, en la neblina del amanecer. Fue posiblemente este entorno místico el que dio su nombre a la Isla: Tierra del Fuego.

 Cuando llegaron los primeros europeos, se encontraron con una población de cerca de 10.000 indígenas, los cuales pertenecían a cuatro tribus distintas : los yámanas o yaganes, los selknams (o shelknam) u onas, los haush o manneken, los alacalufes o kaweskar, siendo los manneken y los selknams integrantes del grupo tehuelches. Dentro de los ciencuenta años posteriores al descubrimiento, solo alrededor de 350 nativos quedaron luego de que enfermedades y la explotación de los mismos destrozaran sus tribus.

La capital de la provincia es Ushuaia, proveniente de una paralabra nativa que signfica "bahía que mira al poniente".

 A través de las investigaciones arqueológicas se conoce hoy que las primeras ocupaciones humanas en el Canal Beagle tuvieron lugar hace unos 12.000 años atrás y los descendientes de estos primeros habitantes se mantuvieron siempre a lo largo de las costas de los llamados Canales Fueguinos, aún hasta inicios de nuestro siglo.

 La zona donde actualmente se encuentra emplazada Ushuaia, así como el resto del sector argentino del Canal Beagle, estuvieron habitados por nativos que desde su llegada estaban adaptados a la vida litoral marítima. Formaban parte de un grupo mayor, conocido hoy bajo el nombre de canoeros magallánicos.

 A la llegada de los europeos, los canoeros que vivían en esta zona se autodenominaban yamana o yaganes. Actualmente viven muy pocos descendientes de este grupo, en el sector chileno, principalmente en Puerto Williams.

 Además de la bibliografía publicada por los estudiosos del tema, es posible apreciar sus utensilios y otros enseres en las vitrinas de los tres Museos de la Ciudad de Ushuaia: el Museo Yámana, el del Fin del Mundo y el Marítimo, además de conmovedoras fotografías que llegaron a tomarse a fines del siglo XIX, en sitios que aún persisten donde los yamana pasaban gran parte de su vida.

 Completamente adaptados al medio litoral marino, se alimentaban de carne de lobos marinos, peces, aves, recolección de moluscos y crustáceos y también de carne guanaco, ya que, cuando decidían desembarcar, se instalaban en ciertos sitios de la playa, que podemos asociar hoy con la idea de campamentos. En esos lugares construían chozas, o util, para descansar durante la noche en grupos familiares.

 Generalmente los desechos (en un gran porcentaje valvas de moluscos) eran arrojados alrededor de la choza, construida básicamente con ramas de lengas y guindos, y una vez desaparecida ésta, los montículos fueron cubriéndose hasta que finalmente sobre ellos creció vegetación.

Su forma de vida nómade hizo que los testimonios de su cultura se encuentren actualmente dispersos por todo el territorio que ocuparon. Sus armas y utensilios, así como sus creencias y leyendas, son similares a los de las etnias que vivieron al Norte del Estrecho de Magallanes, sobre todo de tehuelches, de quienes probablemente provenían.

 En esta Provincia viven algunos descendientes mestizos de esta etnia, pero se considera que la última descendiente selk´nam fue la señora Virgina Choquintel, fallecida en 1990, en cuyo honor se bautizó el Museo de la Ciudad de Río Grande. Tanto en este museo como en el de la Misión Salesiana (Monumento Histórico Nacional) se exhiben utensilios, armas, fotografías y otros elementos vinculados a la vida de los selk´nam.

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